sábado, 21 de julio de 2007

14:12

Son las 14:12.
De un día cualquiera, éso sí. No tengo ninguna prisa, no llego tarde a nada, no tengo nada planeado para ninguna hora ni me agobia que sea tan pronto o tan tarde. Simplemente, son las 14:12.
¿Por qué este momento, en este día?
No tengo ni idea de por qué, me he sorprendido a mí mismo, justo a las 14:12, preguntándome si soy el único que aún llora -aunque muy de vez en cuando- por la muerte de Juan Carlos.
Juan Carlos, mi primer novio, murió hace 18 años como consecuencia de un accidente de coche. No le acompañé en el hospital mientras moría; de hecho, no me enteré de su muerte hasta varios meses después, porque en aquel momento ya habíamos acabado con nuestra relación y yo vivía en Madrid y él en Murcia.
Creo que aquel fue el primer hecho realmente traumático de mi vida. Estuve un año y medio en una nube de vapores etílicos, recluído en algún rincón de mi mente en el que nadie podía entrar porque yo no les daba el paso. Me convertí en un ser oscuro, triste, solo. Olvidé a todos y a todo cuanto me rodeaba, y era incapaz de dar un paso sin pensar en él.
Aquello se fue pasando, todo fue pasando, y cuando quise darme cuenta, tenía una vida. Una vida que no había planeado, a pesar de que la otra prevista no le incluía a él, pero todo había cambiado. Había un hueco irrellenable en el mundo, en mi mundo. Y en el de otras personas. Y ese hueco ha estado ahí desde entonces.
A veces hablo de él con la gente. A veces me sulfuro porque el gilipollas se mató en un coche; a veces hablo de su sentido del humor extraño, o de su belleza increíble, o de los moratones que tenía por todas partes porque con sus más de 2 metros de altura todo le resultaba estrecho, bajito, lleno de esquinazos que para mí estaban 30 centímetros más allá pero para él estaban en el sitio justo para darse un golpe.
A veces lloro. Veo algo en televisión, o leo un libro, y le reconozco ahí, en ese personaje que ama de cierta manera, en ese cadáver ensangrentado entre los hierros de un coche.
A veces, hace años, y supongo que influído por esos vapores de los que hablaba, le notaba. Notaba una sombra por el rabillo del ojo, la brisa de un movimiento rápido en mi nuca, su peso en el colchón durante mi duermevela. Y, aunque nunca he creído en espíritus o fantasmas, sabía que era él.
A veces se me viene de repente, y sin ningún motivo, a la cabeza, al corazón, al alma. Y me pregunto si habrá otras personas que le seguirán recordando como yo, si otros seguirán notando su presencia como yo la notaba, si otros habrán contado a sus amigos o sus compañeros de trabajo lo torpe que era, lo guapo que era, lo divertido que era, como lo he contado yo.
18 años, 5 meses y 21 días despues, a las 14:12, me he preguntado si sólo yo le recuerdo. He pensado, durante un minuto, que sus hijos, que eran muy pequeños entonces, casi no le recordarán. He pensado que sus padres, que casi le echaron de sus vidas y se avergonzaron del monstruo -del homosexual- en que se había convertido, no echarán de menos esa vergüenza. He pensado que su ex-mujer le odiaba y no tendría sentido para ella echarle de menos, como ya demostró en su momento. He pensado que, durante unos años, cambió su vida por mí, y dió de lado a toda la gente que ahora debería recordarle.
Pero he llegado a la conclusión de que el hueco no es mío. El hueco está ahí, para quien quiera abrir una puerta en su mente y darse cuenta de que tras ella ya no hay escalones, ni rellano, ni salida o entrada, sólo su hueco.
Hoy, a las 14:12, he querido pensar, amor mío, que no soy el único que, muy de vez en cuando, te llora.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una vez, hablando con alguien que habia sufrido una pérdida tal (he tenido la suerte, infinita, inmensa de no perder a nadie tan cercano, a nadie amado) me di cuenta de que no queda ningún hueco, porque de una u otra manera lo llenamos. De lágrimas, recuerdos, de furtivas sonrisas por recuerdos y detalles insignificantes, de nostalgia, de repetir su nombre en la cabeza como su fuera una extraña oración. Lo importante es que no quede hueco. Porque cuando quede hueco y no haya lágrimas, ni recuerdos, ni momentos, ni 14:12 será cuando haya desaparecido.

Soy idiota pero me gusta pensar que es asi. Y que el dia que yo me vaya alguien a las 14:12 de un dia cualquiera, sin razón, piense en mí.

MadRod dijo...

Gracias. De eso se trata, de que a veces no me doy cuenta de que él mismo llenó el hueco, antes de irse con todo lo que hizo, dijo, amó, y después, con todo lo que recuerdo de él, todo lo que le echo de menos.
He tenido suerte al vivirlo como lo he vivido. Podría haber sido mucho peor. En mi misma familia una persona perdió la cabeza cuando murió su hija.
Supongo que tendremos que quedarnos con aquello de que "son las cosas de la vida" y, de vez en cuando, abrir la puerta.

Isi dijo...

Uf...no sé qué decir. Pero para salir del paso, te repito, que escribes de puta madre. Eres capaz de transmitir muchos sentimientos y eso es (creo) lo que me deja sin palabras.

Besos!!!!!

MadRod dijo...

No hace falta decir nada. Estas sí que son cosas de un momento de debilidad, no de un día marrón o de una mala época. Eran las 14:12. Se pasaron las 14:12 y ya había otras cosas en el mundo.
Y muchas gracias a todos, me inflais el ego! (no sé si éso es bueno, pero bah, vale...) :)