El uso de la técnico no siempre deshumaniza. De hecho, a veces llega a ser sumamente hermoso:
Eric Whitacre's Virtual Choir - "Lux aurumque"
De amor y sexo ya hablamos demasiado, así que supongo que hablaré más de sandeces.
Te esperaré.
Sé que tus sábanas huelen a mí,
que por mucho que las laves
con las aguas de otro hombre
seguirán oliendo a mí.
Y sé que tus ojos me siguen buscando,
que por mucho que se pierdan
en la mirada de otro hombre
seguirán clavados en mí.
Y sé que tus labios aún tiemblan,
que por mucho que se inflamen
por los besos de otro hombre
seguirán pegados a mí.
Y sé que tus dedos no me mienten,
que por mucho que divaguen
por el pasado de otro hombre
seguirán leyéndome a mí.
Te esperaré,
porque sé que no quieres
que mi olor olvide tu cama,
porque mis últimas palabras
disfrazadas de angustia
eran un grito de esperanza,
y la duda curvaba tu espalda.
Te esperaré
porque no me has negado la espera,
porque entre mi pared y tu espada
están, temblando, nuestras almas.
® LA RODERIKA BOOKS / SEPTIEMBRE 1.995
No sé qué más necesito
para salir de mi ombligo.
Ya la soledad debería empujarme
más allá de mi espacio,
debería hacerme buscar
algo más denso que el aire.
Me escuecen las yemas
de tanta soledad que toco.
Ya la soledad debería encenderme.
O quizás esta puta tristeza que se me ha instalado
como una enorme maceta en los pies,
quizás esta misma tristeza
debería hacer que me trasplantara
a algún espacio que no duela,
que no pudra mis nervios que, como la hiedra,
se adhieren a los muros
de este claustro estéril,
que no enmohezca las densidades
que intentan tocar mis yemas.
Ya la tristeza debería resucitarme.
O quizás esta mierda de inacción
debería imponerme movimiento,
inclinar el plano en que no ruedo,
llenar de calles el plano desértico
en que he convertido mi casa.
Ya la inacción debería golpearme.
El mero hecho de sentirlo todo ello
tan vívido, tan muerto como está,
debería hacerme temblar,
debería hacerme sentir
el pánico de las ramas en otoño,
la impotencia de la sala de espera de la morgue,
la angustia de un réquiem a destiempo,
el ya inenarrable olor del aire
durante la caída.
Pero no siento, y no me muevo.
Quizá merezco el infierno, pero...
¿regalado por mí?
© LA RODERIKA BOOKS, OCTUBRE 2.002
Más sabor a ti,
que sabes que me embriagas;
más sabor a ti,
a la canela que te engalana
y te repica la mirada
cada día sin razón.
Más sabor a ti,
a las frutas de tu lecho;
más sabor a ti,
a los dulces de tu pecho,
a lo que en ti hay de cierto,
a tu alfajor y tu turrón.
Qué carnaval de sabores
me revolea el miriñaque,
me viste de pasión,
me disfraza de abrazo.
Qué festival de sentidos
es cada día y noche amarte,
no fingir que hay una vida,
acoger tanto en mi regazo.
Más sabor a ti,
a tu perversa tristeza;
más sabor a ti,
a tu lucha sin fuerza,
a tu andando sin cabeza,
a lo peor que hay en ti.
Más sabor a ti,
a la sangre de tus venas;
más sabor a ti,
a este cáncer que envenena,
a esta adicción sin pena,
a la fiebre del amor.
Qué feria de sentimientos
tan poco llevadera,
que difícil, más que fácil,
es amarte todo entero.
Qué placer inigualable,
sin control y sin maneras.
Ven, deja que te ame,
aunque me rompa por dentro.
Quiero decir la verdad: que yo sospechaba
de lo que me ibas a dar, cuán poco pesaba.
Quiero hacerte pensar en lo poco que me has dado:
un cuerpo y un abrazo, y paro de contar.
Mas no quiero llorar, sería mucho por ti;
más bien quiero olvidar que esto lo merecí.
Probablemente haré como que no has existido,
construiré un nuevo nido, y de nuevo a volar.
Y es que tú ya has cumplido
con tu parte y la mía
repartiendo caricias
a más de un corazón.
Y es que tú no has sentido
que ésta, mi compañía,
más que besos quería
un poquito de amor.
Y es que tú ya has cumplido
con tu parte y la mía:
sobró tanto cariño
que hubo que repartir.
Y es que tú no has sentido
que te daba mi vida
y que tú la has partido
y no hay nada que unir.
Miro sorprendido el alba
que, como siempre
traspasa sin pedir permiso la ventana.
Miro a la luz
Me doy cuenta
y sonrío,
y me estiro en la cama,
y cubro cada esquina del colchón
con mi propia piel,
y se estira mi emoción.
Ayer habría rezado,
toda la noche sin dormir,
por no recordar el calor de tu cuerpo
tumbado sobre mi pecho
aprisionando latidos,
encadenando mi voluntad,
borrando el maquillaje de los moratones de mi alma.
Ayer habría llorado, cobarde,
incapaz de hacer nada
por defenderme de tus puños
a los que después besaba,
por responder a los insultos
con que, infame, me atabas.
Respiro, sorprendido,
sin que me duela la espalda,
sin que se me claven las costillas
en una veneración vana.
Me abre el aire en canal
haciéndome saber que hasta ayer
no respiraba,
no reía, no hablaba.
Aprovecho las nuevas quemaduras del sol
para arrancar la piel que quede
con alguna huella de tus llagas.
Ayer habría fingido
y serían aquellas costras
meteduras mías de pata.
Ayer habría mentido
a todo el que preguntara
sobre las heridas abiertas,
las cicatrices y escaras.
Te habría dejado hacer, ayer,
lo que hubieras querido,
como de hecho hiciste.
Pero con ese último insulto
me vi por fin la cara.
Con horror, con miedo, con rabia.
Y vi por fin el alba,
y el aire llenó mi casa.
Soy libre, desde esta mañana.
© LA RODERIKA BOOKS - 29 de Mayo de 2.006
Hay que ver lo que encoge todo
cuando lo lavas.
Qué pequeño es ahora todo,
qué cerca estoy de todo.
Ni siquiera me hace falta dar un paso
para ver lo que estaba desenfocado,
ni subir un escalón
para mirar por encima del muro,
ni gritar para que se enteren
de que estoy.
Ha sido fácil lavarlo todo,
dejarlo reluciente y cercano.
Alargaré la mano, a ver.
© LA RODERIKA BOOKS, MAYO 2.002
En mi vida se ha hecho el silencio...
Es la quietud que me envías desde el cielo,
la luz que me guía desde el infierno.
Escucho: no hay ecos,
no hay falsos sonidos que distraigan.
Se ha hecho el silencio que explica
todo mi bien y todo mi mal.
Se abren mis pétalos, y leo,
y me asaltan espadas de fuego y poder.
Ahí está mi cielo, lo reconozco;
ahí mi infierno, tan cercano y paralelo.
Se ha hecho el silencio que reaviva
toda mi luz y toda mi oscuridad.
Me escucho a mí mismo una vez más
y me oigo llorar, me oigo mentir.
Paso una hoja más, y entiendo:
no es peor morir que olvidarse del alma.
Se ha hecho el silencio que reaviva, por fin.
Me has traído el silencio, tú,
ángel del cielo,
ángel del infierno,
espíritu de luz que magnifica,
espíritu traidor que abre el dolor.
Traspasas mi cuerpo e insuflas
algo de lógica al vacío,
de sensación a la inmovilidad.
Me has traído el silencio y, por fin,
recuerdo que tuve, tengo y tendré,
dejo de gritar mis silencios huecos:
no es peor morir que vivir sin recordar.
Gracias a tu brisa se despeina mi vida
y sé que sentí, siento, y sentiré.
Eres tú, y tu halo, y tu condición...
En mi vida se ha hecho el silencio:
ha pasado un ángel.
© LA RODERIKA BOOKS, Diciembre 2.001
Qué ignorancia la del fauno
que se duerme tras la orgía
y se pierde el resto del día
tras ver el amanecer.
Qué estupidez supina,
creer que ha disfrutado
sin saber que allí, a su lado,
está durmiendo la luna.
Qué frenéticos los besos
de la sirena sobre la espuma,
que no ve que es más profunda
la mar que un cuerpo inflamado.
Qué lejos la cercanía
de escamas que son tan suaves,
ceguera de espuma infame
no le deja ver el sol.
Qué grande la tontería
del niño con sus juguetes,
su egoísmo no comprende
que la diversión se comparte.
Qué pena, jugando solo
en un rincón escondido;
qué crecer disminuido
del sentimiento de amar.
Han llegado el egoísmo,
la ceguera, y el miedo;
los ojos sólo se abren,
no ven mucho más allá.
Ay, qué pérdida de sueños,
de tiempo y de sentido;
qué tarde se aprende todo,
qué tarde se aprende a amar.
© LA RODERIKA BOOKS / SEPTIEMBRE 1.994
Una hoja ya casi marrón
que tiembla con una leve brisa
unida por una mínima vena
a su pasado y a su fuerza.
Sabe que caerá en cuanto le llueva
un mínimo de atención
y caerá a la tierra a alimentar al árbol
que la vio nacer y crecer, reverdecer y caer.
Un gato en un tejadillo
temblando de frío y pavor
colgando sólo de sus uñas
con todo el cuerpo en tensión.
Ve la caída y la planea, atemorizado,
sabe que no aguantará.
Cierra los ojos, imaginando al nuevo amo
que recoja los restos de su séptima vida.
Un coche en una curva nefasta,
las ruedas rugiendo, impotentes,
imagina, en el último segundo,
su cuerpo retorcido y muerto.
Sabe del muro, el árbol, el terraplén
que acabarán, impertérritos, con sus días,
y espera que las manos al volante
sean capaces de rediseñar el tiempo.
Sé de lo que eres capaz
y por éso sé, veo, imagino.
Intento disfrutar de mi último segundo
esperando que tú me des muchos más.
Bien sé que no dependo de ti
pero, si pudiera, me pondría en tus manos
consciente, pero esperanzado,
presintiendo verde nuevo,
vida nueva,
más curvas,
aprendiendo contigo a vivir
como si hubiera nacido con tu primera caricia.
LA RODERIKA BOOKS, Noviembre 2.006